Tras la mudanza del Jardín radial, la inicial intención de Talleres vivenciales y Actividades no ordinarias de trabajar con la comunidad, se disolvió; los vecinos no asistían a pesar de sus promesas y de su aparente interés en cualquier actividad que les supusiera mejorar la integración y comunicación entre ellos; los impresores a veces participaban, sobre todo en las Actividades no ordinarias, cuando los ritmos de sus cabinas no eran demasiado demandantes.
Respecto al público general fue complejo lograr su participación sin importar ni a qué se les invitara, ni cuál fuera la invitación, precisamente a partir de sus negativas y comentarios en la actividad Tránsitos y letras: ir saliendo de o llegando a casa, estar descansando para seguir las compras, estar esperando a alguien, etc., surgieron algunas de las observaciones vertidas en la segunda parte de este texto.
De manera muy peculiar los resultados obtenidos en talleres como ¿Cómo tú ves?, no sólo permanecieron en la línea de los obtenidos en el Atrio, incluso en Comiendo nubes... la forma de lo informe, taller implementado para esta segunda fase, las reflexiones y comentarios en torno al espacio y la obra eran muy similares, parecía por instantes que el jardín fuera exactamente el mismo que en su anterior ubicación.
Actividades como Cadáveres en el jardín, dejó poco relacionados con el Jardín radial per se y demostró una suerte de sincronía de las problemáticas cotidianas de los participantes, una permanencia de la nostalgia, la tendencia a mirar al pasado y migajas del optimismo que inspirara el jardín en el Atrio.
Haikú sonoro... "palabró" el sonido del viento en los bambúes y las palomas, sobre todo a partir de la mudanza total del jardín al interior de Leandro Valle, acentuando esa suerte de privacidad del callejón; los sonidos ambientales fueron ampliamente ignorados a pesar de ser protagónicos, pero demostró que al instalarse las personas en el Aquí y ahora para responder las preguntas, lograban pasar también el velo del entorno y acceder a la intención original de la pieza.
Caso peculiar fueron las observaciones de los estudiantes que acudieron al Jardín radial y su inusitado interés en el tipo de flora. Recurrente fue la inclusión de la fuente, también señalaron constantemente las "suciedades" del jardín y su entorno, incluyéndolos en sus dibujos como "parte de", lo que nos hablaba de la integración con el espacio. Estas observaciones también permitieron explorar las perspectivas de lo público, lo privado, la reglamentación del espacio y su posible imposibilidad, así como la comprensión de la necesidad de un tipo de vida (vegetal) que todos dicen necesitar, pero de la que nadie está dispuesto a hacerse responsable.
Sigue siendo un misterio para mi el por qué a pesar de la convocatoria desde distintos puntos del Centro Histórico, el público externo no asistía a los talleres y actividades, por qué tantos de los "fotógrafos" visitantes del jardín, a pesar de la invitación directa y de tener el material, decidieron no lo subirlo a la página del concurso expresamente abierto para ello.
En los talleres y actividades realizados a caso lo más importante para mi fue observar la permanencia de esa dimensión de lo humano, del vínculo subjetivo casi instintivo que se genera entre el hombre y la naturaleza y que no necesariamente es contemplativo, a pesar de que el jardín comporta una invitación intrínseca. Aquí fue Santo Domingo quien se apropió del jardín y su radialidad, impregnándolo de su esencia y movimiento, integrándolo a las dinámicas sociales de los distintos grupos de habitantes de un territorio que no termina de ser ni público ni privado, en un Aquí y ahora poco dispuesto a la apertura al asombro, profundamente vinculado con el lado dionisíaco de la vitalidad y el instinto de sobrevivencia.
El siguiente texto es resultado de la experiencia de un tallerista frustrado devenido observador a la caza de los posibles motivos prestados por el espacio para su frustración y su posible relación con el proyecto que Tania Candiani desarrolló para Lugar_Cero.
Esta perversión del significado de la ciudad es acompañada por un reasignación del sentido de sus espacios. La ciudad actual es una urbe revertida, topológicamente contradictoria: si en un principio se construyó alrededor de un centro sagrado, relegando hacia la periferia lo menos valioso y el peligro, hoy levanta en sus suburbios las zonas residenciales, mientras que su centro deviene deterioro, caos, peligro.
Así la ciudad va invirtiendo sistemáticamente los signos que la constituyeron: sustituye la promesa de compañía por la de soledad, la de seguridad por temor, la de riqueza por miseria, la de belleza por mugre, la de lo sagrado por cotidianidad, la de pureza por contaminación"
Luis Britto, Ciudad y Memoria
Pervertidas memorias de un jardín mutante
Por: M. AVe
Si la palabra es una puerta a la existencia lo es también a la dinámica de lo cotidiano sobre el que comporta poder lo que permanece en silencio, lo que se dice a señas, lo apenas señalado.
Santo Domingo tiene una historia no necesariamente prejuiciada que lo vincula con violencia, la llegada del jardín fue en principio un factor de sospecha sobre la intencionalidad de incidir en las dinámicas cotidianas de sus habitantes en un área vecinal, laboral y comercial. A pesar de haber sido aceptado verbalmente, su dinámica natural no fue totalmente aceptada, la serenidad, paz, contemplación, etc., a partir de las cuales generaba un vínculo emocional, en un área destinada al tránsito, invitaba a una pausa no sólo inasequible sino impensable. En este sentido, el jardín, aquí, fue también un jardín violento, que terminó por adaptarse a las dinámicas previas a su llegada y cuya presencia veló para los visitantes externos la saturación y contaminación propia del área al llenarla de "vida", una vida por demás sospechosa.
Se dice que cada ser humano tiene una memoria celular guardada en su ADN que le conecta con sus patrones de pensamiento, emoción, comportamiento, etc., si esta memoria permanece contaminada aunque las células se regeneran completamente cada siete años, éstas repetirán los patrones previos. Si analogamos al ser humano con el espacio en que se desenvuelve, especialmente el que nos concierne, observamos que la de Leandro Valle y la Plaza de Santo Domingo es una memoria profundamente arraigada en la que predominan el movimiento constante, el comercio, la saturación, el conflicto y una suerte caos ritual, características que fueron observadas en el ámbito de los Talleres vivenciales y actividades no ordinarias.
Una de las maravillas de la vida vegetal (de la vida, en general) es su adaptabilidad, al entrar en esta área el jardín se adaptó, no sólo en términos estéticos pues su disposición espacial, flora y fauna también mutaron: cambiaron algunos elementos de la flora tras el rompimiento ecosistémico generado por la "desaparición" de los pescados, dando paso al surgimiento de la plaga de mosquitos; hubo un cambio a caso más importante en su dimensión simbólica, no pasó demasiado tiempo antes de que se integrara a las dinámicas de los habitantes al ser no sólo escenario sino pretexto de las mismas problemáticas previas a su llegada, conflictos: vecinales, gubernamentales, interpersonales, comerciales, de contaminación devenidos gubernamentales, etc.
Siendo el punto medular "la pandilla del Perú", esa a la que todos conocen pero nadie nombra ni se atreve a señalar y en torno a la cual, entonces sí, pueden sobrellevarse las conflictivas particulares (entre vecinos, impresores, vagabundos, etc.) para tomar todos una misma postura contra el grupo que sí les pone en o les supone peligro, un peligro al que no sólo están acostumbrados sino que parece ser ingrediente esencial de la zona.
Existe también un patrón desde épocas coloniales cuando los espacios abiertos fueron adecuados por los grupos de poder y en los que se sustituyó la celebración del ritual religioso con el ritual del entretenimiento. En este sentido Lugar_Cero no tuvo nunca esta intención, lo cuál no eximió al jardín de entrar en esta misma dinámica al ser ubicado en un espacio público altamente politizado. Sea acaso, la memoria colectiva la que ha regido el proceso, una memoria que no deja de ser celular si bien sus células están conformadas por edificios, calles y personas.
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Hemos hablado hasta aquí de la memoria del espacio en que se ubicó el Jardín Radial. Otro de los proyectos de Lugar_Cero en esta segunda etapa fue Otros paseos. Otras historias. Centro histórico D.F., cuyo punto de partida fue justamente la recolección de anécdotas e historias de los habitantes del Centro Histórico.
Si bien el proyecto presenta infinidad de partículas conceptuales a explorar, es el punto base, la memoria, la que nos sirve de engarce. Por qué. Por un lado accedemos a la historia personal y una selección de recuerdos que vinculan el espacio físico del Centro con el espacio subjetivo de quienes participaron, un centro doblemente histórico, pero no doblemente central. Por otro lado, a la conformación de la historia a partir de la narración y su retransmisión.
En este proceso, pudimos observar a través de los ojos de los entrevistados los cambios físicos de algunos de los espacios y edificios, sea porque han sido sustituídos o porque con el paso del tiempo ha sido remodelados e incluso una mezcla de ambos. El testimonio de la mayor parte de las personas, cuando comparaban el pasado sacado de su memoria con el presente, nos planteó la cuestión ¿son siempre los tiempos pasados, tiempos mejores?, quizá aún más importante más allá de la comparación es el testimonio vivo de aquellos que han visto mutar la centralidad de un espacio de convivencia y de cierta ceremonia en uno "violento" (por la saturación, contaminación y pérdida de los espacios verdes en general y de esparcimiento en particular) y la persistente añoranza de dicho pasado.
En este sentido, podemos pensar la de Leandro Valle / Plaza de Santo Domingo como una de las áreas estigmatizadas como violentas, pero que existen en un centro que en sí es violento hace mucho tiempo. Es la memoria que gusta pensar que el pasado era mejor aunque sea casi lo mismo; son los parámetros los que han cambiado de la mano del entorno, antes peleaban con palos, ahora las armas son asequibles y abundantes, esa es la diferencia, y seguramente, si accediéramos a fuentes más antiguas, seguirían esgrimiendo que el pasado fue mejor que el presente salvo por los avances tecnológicos y las mejoras urbanas.
Parece que hablar de memoria es hablar de lo que permanece, pero también es hablar de lo que ha desaparecido y que sólo se mantiene a través de aquél que puede nombrarlo, de aquello que le hace evidente. El proyecto Otros paseos... buscaba hacer accesible el recuerdo de este Otro a un público general, la generación de una historia a partir de las memorias particulares, sin embargo su signo es tan efímero como la misma Historia. La salida del jardín de Leandro Valle hacia su nueva ubicación, devolvió el escenario a su naturaleza previa, quedará su recuerdo en algunos pero las dinámicas seguirán siendo las mismas y él mutará de nuevo, adaptándose a su nueva ubicación, su naturaleza como la del espacio, incluso aquél traído por la memoria, es mutable.
Breve crónica de Santo Domingo
El jardín supone tejer un hilo conductor desde el callejón hasta la plaza y viceversa, sin embargo es notorio constatar el cambio de atmósfera en cada uno de ellos. En la plaza no deja de ser un lugar "abierto": caminantes que andan de compras, trabajadores del área circundante y gente en espera de sus citas, se sientan a descansar, a veces en los macetones, a veces en las escaleras del portal, que parecen ser el punto de avistamiento desde donde la mirada se proyecta ampliamente sobre la plaza.
El umbral o portal ha adquirido un carácter de suerte de selva- trinchera, desde donde se observa tanto hacia el callejón como hacia la plaza, mimetizado con los bambúes.
El callejón, por otro lado, tiene un carácter íntimo, cerrado. Aquí entramos al jardín de los vecinos, incluyendo los talleres de impresión. Si en el Atrio el "bosque" de bambúes generaba una suerte de barrera de contención, aquí el callejón Leandro Valle per se cumple está función, no así en la Plaza, donde es más bien una invitación al acercamiento, a la exploración, aunque no necesariamente una promesa de ésta. Es insuficiente la belleza del jardín, su misterio, su súbita aparición, hasta ahora hace falta que el paseante, el visitante, tenga una de dos o ambas: curiosidad y tiempo, si no es que hasta un poco de valor para cruzar el umbral y entrar en el espacio que poco tiene que ver con lo público aunque sea una calle.
Noviembre, 28
¿Por que la gente no se detiene, ni participa en los Talleres vivenciales?
Mucha gente no cruza el umbral de los arcos y pocos se sientan en los pastos, prefieren las escaleras, algunos pensando que los levantará la policía. Sigue existiendo una suerte de atmósfera distinta entre el jardín-plaza y el jardín-callejón, como si el segundo fuera un área íntima, delimitada, donde entonces lo que resulta paradójico es que los habitantes tampoco bajan al jardín a descansar, a esparcirse, claro, a metros tienen sus casas.
Los peces han comenzado a desaparecer fueron "adoptados" por una pandilla de niños.[1]
El Atrio figuraba como un punto intermedio en un trayecto más amplio paseantes entraban al jardín a descansar por un momento, a reponer la energía, tomar el lunch e incluso a hacer la digestión. En cambio, Leandro Valle es una calle, está hecha para circular, las personas que cruzan el umbral llegan o salen de sus casas, cruzan de uno a otro metro, no ocupan ese punto intermedio en el cuál recargar su batería pues su hogar está cerca. En ese sentido habría que buscar alguna estrategia para animar a los visitantes que llegan al área de la plaza para que se internen en el jardín.
Diciembre, 05
"Leandro Valle es comúnmente llamado callejón, sin embargo tiene salida y eso lo convierte en calle", eso dice un ofendido habitante.
RAE: "Callejón: Calle estrecha"
Es necesario convocar desde el exterior para que haya participación en los Talleres y actividades, pues es complejo atrapar a los caminantes; los paseantes lo son en general porque se dirigen a alguno de los edificios cercanos (como el Museo de medicina), también llegan algunos turistas, pero va quedando claro que ésta no es una zona de esparcimiento, lo que complica detener a los caminantes en su movimiento.
Muchos visitantes que evitan sentarse en los pastos pues lo consideran una falta de respeto, maltrato para la vida vegetal. La prohibición cotidiana de "no tocar" emana como una pre-programación en el espacio público, es una sorpresa para los pocos participantes en los Talleres vivenciales, enterarse de que los pastos están puesto ahí justo para que los utilicen.
Diciembre, 18
Una no necesariamente extraña urgencia por cuidar el jardín y con él a la naturaleza toda emerge constantemente de las personas que participan en las Actividades no ordinarias y Talleres vivenciales. A través de su presencia se reconoce la falta anterior, la necesidad de "verde"; pocos lo relacionan con la obra de arte, algunos cuestionan su "ser" jardín, pero lo comprenden al acceder a la historia de su itinerancia, entonces, los ojos se abren y la perspectiva, al acceder al contraste con la permanencia, se resignifica mientras preguntan si es posible que se quede ahí, a dónde irá, qué será de él...
Diciembre, 26
La misma urgencia por cuidar del jardín surge entre los impresores y algunos vecinos, el enfoque sin embargo es truculento: no es un cuido personal sino la demanda de que sea cuidado, el jardín se convierte en pretexto para manifestar diversas incomodidades, por ejemplo con los gobernantes, "Vinieron a aventarlo aquí y nadie lo cuida", dice una vecina mientras observa las hojas amarillas del helecho. Es cierto que el jardín se percibe un poco en declive, creo que se llama invierno.
El padre Arturo, párroco del "Convento" de Santo Domingo, ha insistido en que deberíamos llevarlo a otro lugar pues causa muchos inconvenientes aunque no menciona cuáles.
Otros vecinos en cambio, dicen adorarlo. "A mi perro le encanta subirse al pasto, es como tener un pedacito de naturaleza". Miro al rededor, claro, a los perros le gusta tanto que se han cagado en los pastos, apropiación instintiva. Nada peculiar si pensamos los arcos y la zona detrás de las cabinas de impresión como un área W.C de vagabundos y quién sabe de qué otros habitantes de la zona.
Enero
El jardín fue mudado en su totalidad al interior del callejón. En la plaza a pesar de las reparaciones el comportamiento es similar. La gente deambula y usa las escaleras como punto de encuentro. Vecinos y turistas, son los principales visitantes del jardín, que sigue siendo pretexto de inconformidad política y vecinal. Los vecinos dicen que participarán en los talleres la próxima semana, siempre la próxima.
Los tambos de basura han comenzado a desaparecer. Nadie dice abiertamente a dónde se fueron. Una fuente confiesa que los vecinos del edificio tal comenzaron a usarlos como botes de basura "personales", para no llevar sus bolsas al final de la calle, a la esquina con Perú, y que el "gobierno" entonces, decidió quitarlos. Otros mencionan que fueron robados, nadie quiere decir quién, claro se refieren a la pandilla del Perú.
Marzo
El jardín como escenario de la tragedia interior. Las plantas se han acoplado por una especie de milagro. Son los impresores quienes más se preocupan por sus cuidados. Además, están observando todo el tiempo, uno puede pasar distraídamente, pero para ellos cualquier elemento ajeno al sistema cotidiano es pieza de observación. Hay una especie de control velado, territorial, conocen los horarios de los barrenderos, de los que encargados de la fuente, cuentan casi con exactitud las visitas y horarios de los jardineros, a veces hasta saben qué tambos han olvidado regar.
Un impresor comenta que los bambúes en los arcos han disminuido su visibilidad y con ello la clientela, ese es su único problema con el jardín. Otro dice que no es cierto, son los "malos tiempos, la mala economía, el mal gobierno".
El jardín se ha vuelto tan sospechoso como el área en que ha residido durante los últimos 5 meses. Sus aguas semi turbias, la proliferación de mosquitos, el necesario cambio de las plantas, muchos pastos son usados como W.C de los perros, algunos rincones entre tambos por la gente, sobre todo en los arcos que son la trinchera perfecta: donde observar, donde fumar marihuana, donde tener relaciones sexuales, donde defecar u orinar, nada que no sucediera antes de la llegada del jardín. Si el artista quería que hubiera un vínculo emocional con la cotidianeidad, nada hay más cotidiano que esto.
Aunque ha habido esfuerzos para atraer a las personas de fuera del área, convocatorias de ensayo y fotografía, invitaciones para que participen en Talleres y actividades su asistencia queda sólo como una promesa. Los participantes siguen siendo estos mismos que se dan el espacio de participar mientras esperan o en un breve descanso casi siempre en su ruta de compras.
Paradójico o complementario, las personas que participan acceden a resultados no tan distintos de los obtenidos en el Atrio de San Francisco y la sincronía entre sus participaciones sigue operando aunque las temáticas sean distintas y carezcan del optimismo que a veces permeaba al Atrio, lo que permanece sin embargo, es la nostalgia del pasado.
Abril
"El Escalera", embajador de la zona y "supervisor" del área, llega golpeado, hinchado y con moretones frescos a sentarse conmigo en un pasto. Me cuenta que peleó, no quiere decir con quién. Señalo hacia Perú interrogando. Luego de echarme una mirada analítica, afirma con mirada de cómplice, como si ahora compartiéramos el secreto.
La vida nocturna del jardín ha sido poco explorada, pero corroboramos desde la llegada que es un área compleja durante la noche. Respeta la tradición de área comercial y seguramente acentúa el carácter de lo ilícito que de cualquier modo puede hallarse durante el día. Según va platicando el Escalera, es también un área de batalla, los mismo vagabundos no escapan a la violencia de la pandilla del Perú.
El administrador de uno de los edificios platica que una noche antes llamaron a los bomberos porque "alguien" incendió un tambo con basura en la zona de los arcos; no me queda claro cuál pues éstos terminaron de desaparecer hace semanas. Entre peleas y chismes vecinales, desacuerdos con el gobierno, con y entre los administradores, con el temor que causan algunos vagabundos, lo cierto es que hay un factor en común y de unión: todos quieren deshacerse de la pandilla de Perú, pero ni siquiera la mencionan como tal. Ellos son los verdaderamente "malos", la fuente de las desgracias y origen de la violencia en el área. Tienen un poder que les torna innombrables, en torno al cual se configura una red de historias, anécdotas y silencios.
Mayo, 14
Según la RAE[2], Público es: Notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos; Vulgar, común y notado de todos; Se dice de la potestad, jurisdicción y autoridad para hacer algo, como contrapuesto a privado; Perteneciente o relativo a todo el pueblo; Común del pueblo o ciudad.
Privado es: Que se ejecuta a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna; Particular y personal de cada individuo; Que no es de propiedad pública o estatal, sino que pertenece a particulares; Muy contento, lleno de gozo.
Público, ¿para quien? Privado, ¿para quien?
El espacio público tiene muchas más reglamentaciones que el privado. Leandro Valle es ambos, ser de todos y de nadie garantiza su permanencia en la frontera, una que le hace ser ambos al mismo tiempo. Existe, como en una obra del absurdo una constante que pugna por reglamentarlo pero la fragmentación entre sus habitantes tiende a defender y mantener su caos. Salvo por el enemigo común, la pandilla del Perú, todos luchan contra todos, ¿es la pandilla también un pretexto, como el jardín? O es en verdad innombrable e indómita.
Junio
Ni por convocatoria externa ni entre los vecinos, se logró la participación en Talleres y Actividades. Salvo por los grupos de alumnos de la Secundario Diurna No. 78, algunos visitantes aleatorios del área, y una pandilla de niños que residen aquí y que llegaron a participar un par de veces, los talleres y actividades desarrollados contaron con muy poco quórum.
Los niños del área primero participaban y creaban, cinco minutos después destruían lo que habían hecho, cuando les preguntaba por qué no asistían decían que tenían que trabajar, sabíamos que ellos se habían llevado los peces y durante el proyecto de Tania Candiani nos enteramos de que lo hicieron para venderlos en la noche, quizá imitando lo que hacen sus padres: comerciar...
Estamos en plena mudanza del Jardín radial y todavía no he logrado responder a por qué no logré mayor participación en Talleres y actividades... Si me faltó adaptar la propuesta a las necesidades del área; si el área no tenía necesidades o no estaba dispuesta a aceptarla. Si hacía falta saltar sobre el intento de respetar tanto al Jardín Radial como las dinámicas naturales e intervenir el espacio con carpas y sonido para llamar la atención. Si en verdad la afamada peligrosidad de esta zona limitó la asistencia. Si el lugar está ya tan saturado de todo que no podía incluirse nada más. Ahora me pregunto qué hubiera pasado de haber puesto una carpa con la leyenda: "Venta diurna de peces. Llévese 3x2".
[1] Cuando escribí esto aún no lo sabía, pero la fauna del jardín sería sustituída por mosquitos en algunos de los dibujos resultantes de los talleres.
[2] (http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=público)




