Los lugares mueren como los hombres, aunque parezca que subsisten.

Joubert

… ¿sabes cuál es el sabor de los caminos olvidados que reencontrados, recorreríamos por error?

Pessoa

La ciudad, gigante de concreto, es una mixtura de personas, lugares, cosas que desvanecen sus límites cuando son arrebatados al movimiento acelerado de la urbe.

Frente a la velocidad se encuentra la calma. La alteridad se reconoce cuando el constante desplazamiento se detiene en una mirada contemplativa.

Miradas de personas, de lugares. Los espacios, olvidados por ser donde se origina la actividad de la sociedad, por ser en lo último que se piensa aún teniendo los pies y toda la existencia en ellos, atisban a un poco de atención cortés de quienes los recorren.

Espacios en desuso, espacios usados y desgastados, espacios visitados a ratos. El lugar se desgasta, los años le pesan. Deseo de quitarle carga: recorrer las calles de la ciudad tratando así de dar color a su grisácea existencia. Sabiduría de concreto.

Es entonces que, tiempo y espacio aparecen por ser las tópicas, los elementos, a los que se recurre cuando se trae a la memoria algo. Pensar pues, espacio o tiempo de manera separada no nos diría nada más que lo obvio.

A través de la rememoración, proceso que lleva su tiempo recorrerlo, se toma otra posición: lo que se hace es volver a ese lugar y ese tiempo con otra mirada. Como si tomando otra posición, la de antaño, las cosas parecieran de pronto tomar un nuevo sentido, el sentido que llena de vida lo que parecía muerto, desenmaraña los nudos de aquel tiempo lúgubre, iluminando así la  apagada mirada nostálgica.

Las historias personales que, parecen estar fuera de la Historia mayúscula, logran distanciar al sujeto de su ensimismamiento, lo desdoblan, le mueven el piso para que dé cuenta de su condición errante.

Los hilos entendidos como los recuerdos regalados y compartidos, que parecen no tener sentido más que consigo mismos, se encuentran tejiendo la historia de la sociedad.

Es la vida individualizada y personalizada que se disuelve cuando se encuentra con la vertiginosa ciudad, es decir, cuando el ser único e irrepetible, se da oportunidad de verse reflejado en la mirada próxima, cuando el recuerdo de una tarde en la Alameda, de la compra de juguetes para los reyes, de una noche de luchas o de una resaca de Nivel  es compartida por otro, vivida en otro tiempo, pero con la misma esencia de por medio.

Las otras historias, forman parte de la memoria colectiva de un pasado que se resiste a ser olvidado, de los lugares abandonados que contienen anécdotas aún sin contar, en las que cada habitante tiene algo que decir, perteneciendo así, al rubro público de la vida privada del lugar.

Son estas historias que no aparecerán en la legitimidad de la Historia, caracterizada por ser políticamente correcta, dejando de lado la afectividad, aquella que toca y con-mueve a los que escuchan atentos. El diálogo se ha abierto. Entonces, un recuerdo contado perdura y añade vivencias a la anécdota compartida; siendo transmitida a la vez que es recordada y recorrida, el corredor se convierte en lugar y sale de la penumbra para volver al ritmo de la ciudad.

El reconocimiento de otros lugares posibilita el lazo con otros tiempos y otras historias, advierten los contornos de lo que aún permanece en los recuerdos guardados con recelo.

Dar un paseo significa ya, algo más que un caminar sin sentido, es habitar un espacio donde las ruinas funcionan como referente de lo antiguo, los tiempos se encuentran en armonía, se les siente aún vivos.

Al final del día, descansando bajo la luz del ocaso, se percibe cierto sabor en la boca: el de la satisfacción de lo vivido mezclado con la sed de continuar lo que hoy ha comenzado a contarse. La pregunta se lanza al aire: ¿A qué te sabe un recuerdo?; una posible respuesta: a deleite de saberme que soy parte de algo que me rebasa por entero, un placer que se convierte en adicción de convivir, el gusto por postergar la muerte alumbrando los ensombrecidos andares…

 

Erika Anallely López Aguilar.

 

Nota: El presente ensayo surgió a partir de la mirada de Erika, desde su experiencia al haber participado en ambas fases del proyecto Otros paseos. Otras historias..., de Tania Candiani. 

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