Visitaron el jardín radial aproximadamente 270 alumnos de la Secundaria No.78 de Paraguay.
Cada día el total de alumnos fue dividido en tres grupos. Mientras uno tomaba taller en Lugar_Cero, otro recibía una visita guiada en el Museo de Medicina de la UNAM, y otro, por el Centro Cultural México Contemporáneo.
Primer día, primer grado. Los niños están instruídos en las tres R's: recicla, reutiliza, reinicia; aunque sus deambulares por el jardín dejaron ver que aún no existe una integración de estos conceptos que los lleve a aplicarlos y observarlos inmediatamente. Su propuesta para proteger el jardín rayana en el autoritarismo. Colocar rejas, proteger las macetas con vidrios, poner policías.
Segundo día, segundo grado. Tan poco como un año de diferencia en las edades en relación al grupo anterior, creó una experiencia abismal. Mostraron singular interés en los personajes que pululan por el jardín, lo mismo los impresores que los vagabundos; por la historia del lugar. Al enterarse de que es una pieza de arte contemporáneo, durante el taller, uno de ellos mencionó que su jardín favorito es el desierto y que el Jardín radial es un desierto enorme y silencioso. Observan detenidamente el resultado de la ausencia de los peces, pero no hacen propuestas para protegerlos o al jardín. Allá desde ese punto entre niño y adolescente, su principal preocupación es la contaminación.
Tercer día, tercer grado. Adolescencia pura y una mirada circundante que integró no sólo al jardín con la calle sino con sus recorridos por los otros dos lugares. Si los chicos de primero y segundo tenían poco interés por el arte en general, almargen de su función histórica; fueron los de tercero quienes más interés mostraron, una suerte de necesidad expresiva y de comprender el entorno.
En términos generales la experiencia con los chicos fue la visita a esa isla llamada adolescencia, un punto difuso entre la infancia y la madurez, con todos sus atropellos, los lapsus de apatía y apasionamiento, y una curiosidad volátil. Cuando se les confrontaba con el jardín, sus elementos, las posibles connotaciones extraídas de éstos, la atención se enfocó una y otra vez, en el contexo arquitectónico; en la relación del jardín con la fuente desde donde éste era habitado contemplativamente; la remodelación de la torre estableciendo un murmullo de diálogo con los bambúes; y todo esto con la preocupación, bien establecida, sobre cómo proteger y cuidar una pieza en el espacio público sin llenarla de una serie de prohibiciones que acaban emulando las del espacio privado.
Agradecemos a Nuri del Museo de Medicina de la UNAM y a Angélica del CCMC por su apoyo para la realización de estas visitas.
M. AVe.


















