Estamos en el callejón Leandro Valle, donde se encuentra el Jardín Radial de Jerónimo Hagerman, son las cinco y cuarto. Iniciamos la charla con el escritor Marco Perilli, quién comienza a hablar de su idea del jardín, dejando por un lado las representaciones canónicas. Aludiendo a su propio jardín imaginado y representado a partir de una visión más cercana a los acontecimientos de la vida personal. Una pareja menciona que acaban de comprar una casa y planean tener un jardín, profundo deseo de la esposa. El jardín se vuelve una extensión del hogar.

     Ya para este momento nos encontramos dentro del Jardín Radial, el público se asume dentro de este espacio representado a partir de bambúes, pasto, helechos y estanques. Perilli nos traslada a la última escena del Resplandor película de Stanley Kubrick, dónde el jardín laberinto aparece como una puerta de escape, pero del mismo modo un encierro. Marco brinca hacia Los jardines secretos de Mogador de Alberto Ruy Sánchez donde un hombre recorre las calles de Mogador buscando los jardines ocultos y enigmáticos que le ofrece la ciudad. Los jardines también tienen que ver con el deseo y los encuentros ocultos. En la edad media los jardines son pensados como espacios dónde se pueden realizar estos encuentros amorosos, el jardín es utilizado como escondite con altos riesgos de ser descubiertos, menciona el escritor. Es un pasar de lo privado a lo público.

     Esta charla comienza a despertar los jardines ocultos del público, un joven imagina su jardín dentro de su cuarto, lo construye y lo inventa para dejar entrara otras personas en su intimidad. Ya para este momento me parece todos comenzamos a relacionarnos íntimamente con el aquí y ahora del Jardín radial. El encierro, lo íntimo, lo femenino dentro del jardín, los encuentros y el deseo de dejar la ruidosa ciudad para llegar a un espacio de contemplación son algunas pasiones que brotan de la charla.

     Ahora Marco nos lleva a la reflexión sobre el jardín como laberinto. Estamos en la isla de Creta dónde se encuentra el monstruo, el minotauro se hace presente y se transforma para el público en los propios monstruos. En respuesta un compañero de charla compara la vida con una agrupación de problemáticas en las que el laberinto se vuelve protagonista con sus pasillos, el pasillo de la oficina, el pasillo de la familia o el del sentido de la vida. Las ideas van bifurcando el jardín, dando múltiples posibilidades y dimensiones. Perilli nos recuerda que los primeros laberintos tienen formas circulares con un centro, haciendo énfasis en la posibilidad de la carencia de un centro, convirtiendo el laberinto en un andar disperso.

     En el tema de la pintura, el escritor nos ubica en El Destierro (en italiano La cacciata) de Masaccio, pintada al fresco hacia 1926. Nos encontramos en la Capilla Brancacci, en la Iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia. Dónde la ausencia del jardín es evidente, Adán y Eva que han sido expulsados, han sido desterrados de aquel hermoso jardín, el dolor de dejar aquel jardín se muestra en esta imagen predilecta del escritor. Abruptamente somos despertados y trasladados al callejón por un hombre que nos grita que le disculpemos la interrupción, yo diría estamos en el espacio público. Se retira y la charla se gira hacia una discusión sobre ambientación, ecología y arquitectura ornamental. El jardín esta ahí mirándonos. Finalmente un cierre en el que se reconoce las constantes y múltiples referencias al jardín en la historia del arte y la literatura, así como en el conocimiento general.

 

Daniela Lieja Quintanar

 

Jardines citados:

Borges, Jorge Luis, El jardín de senderos que se bifurcan, Argentina, Buenos Aires, 1941.

Kubrick Stanley, El resplandor, EE.UU., 1980.

Masaccio, La cacciata, h. 1926. Fresco; Capilla Brancacci, en la Iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia

Ruy Sánchez Alberto, Los jardines secretos de Mogador, Alfaguara, México D.F. 2001.

 

 Fotos: Edmundo Moreno