Este ensayo fue publicado en Galleta China. Revista de Arte & Propaganda, editada por Casa Vecina. Número 1, México, 2010. pp: 8-11
Dos notas a propósito del Jardín Radial de Jerónimo Hagerman*
por Juan Carlos Bautista
1.
- -Es como esos lugares que describía Stevenson, donde siempre parece que va a suceder algo.
- -Lo sé- respondió el individuo-. Creo que se debe al hecho de que el propio lugar, por así decirlo, no se limita a existir, sino que también sucede.
G.K. Chesterton, El hombre que sabía demasiado
¿Puede un jardín entenderse como una obra de arte? O mejor aún: ¿puede convertirse en el hecho artístico que lo toma como referencia sólo para hablar de algo más complejo, aunque recurrente: que todo jardín aspira al paraíso, pero que todo paraíso es, por definición, un paraíso perdido? Jardín radial, la intervención que hizo Jerónimo Hagerman en el antiguo atrio de San Francisco, dentro del proyecto multidisciplinario Lugar Cero, nos obliga a preguntárnoslo, toda vez que su autor ha logrado algo sumamente difícil: devolverle al jardín su calidad de experiencia estética y de espacio reflexivo, asunto que no es cualquier cosa en una ciudad como la nuestra.
El jardín es un producto sofisticado, acaso uno de los más complejos y exquisitos que pueda producir la cultura. Es dentro de ésta uno de los más radicales, de los que nos alejan definitivamente de la naturaleza, que es, por esencia, el orbe que escapa a la mano del hombre. Sólo la superstición contemporánea puede suponer que el jardín es una vuelta al orden natural. Pero esto ni siquiera como tentativa es posible. No sólo no puede imitar a la naturaleza, sino que la niega. Si aquella es caos, el jardín necesariamente requiere un orden, un ánimo catalogador, cierta gramática hecha de elementos simples y extraordinarios: flores, árboles, agua, silencio. Cosas que existen en la naturaleza, pero fuera de control. "El reino vegetal es un país lejano", decía Carlos Pellicer. Prolongación de la memoria, sí, pero memoria de lo que nunca existió. ¿Qué nos queda del paraíso del que fuimos arrancados? Nos queda el jardín, que es, claro, un asunto ficticio. Es un hecho -más que un lugar- que se inventa y se recrea incesantemente.
En el sentido del que habla Chesterton en el epígrafe de arriba, Jardín radial "sucede". Si uno se adentra en él, la intervención vegetal, ordenada en grupos de macetas redondas, "moleculares", parece proliferar, "suceder". Aparece abrupta, inesperada, como floración de banqueta. Contundentemente se monta en uno de los intersticios más dramáticos del Centro de la Ciudad de México, en ese lugar cero de nuestra memoria urbana, donde el terremoto derrumbó un hotel que nunca fue reconstruido y en donde se abrió un espacio que ahora une San Francisco con la Torre Latinoamericana, es decir, la ciudad de Dios Novohispana -los restos del que fuera uno de los conjuntos conventuales más grandes de Hispanoamérica- con el símbolo del "milagro mexicano". Entre todos los desastres que fragmentaron y casi extinguieron el convento, hubo de soportar otro que señala Fernando Benítez: "Por supuesto, al destruirse los monasterios desaparecieron sus jardines, sus huertos, sus albercas y sus caños de agua. Nunca se habló de eso, porque en México no se advierten los jardines, no se cree que puedan ser una obra de arte".
En ese espacio -espacio de destrucciones, superposiciones, encuentros y desencuentros de nuestra historia cultural, política y social- proliferó efímeramente el jardín radial.
2.
- -No esperará usted de mí -observó- que transforme la sociedad desde este jardín.
(...)
--No por cierto -dijo-. Pero creo que eso es lo que usted haría si fuera un anarquista en serio.
G.K. Chesterton, El hombre que fue jueves
Si nos atenemos a la información periodística sobre la intervención de Hagerman, se trata más bien de una acción obvia y casi populista: la reestructuración del espacio urbano, la dotación de espacios verdes para el encuentro social en una ciudad que carece escandalosamente de ellos. Gracias. Pero Jardín radial no es impactante por eso. Remueve no porque sea bello, sino porque no lo es o porque obedece a una belleza hecha de despojos (las maceteras, fabricadas con restos de neumáticos, poseen un aspecto de detritus industrial ) y porque es mohosa y con el paso de los días parece pudrirse. Se puede aducir que es una lectura pesimista del jardín. O mejor, que es la versión de un jardín post-humano (para usar una fraseología que desprecio pero que describe, más menos, lo que quiero decir). Jardín radial es una versión "pervertida" de lo paradisiaco. La impresión que nos deja de espacio corrompido, de jardín pisoteado, viene de su absoluta inestabilidad, de apegarse a pesar suyo a una visión fatalista de la ciudad moderna. Su deshumanización (conmovedora deshumanización) se acentúa con la intervención sonora de Ariel Guzik, consistente en la recreación artificial de grillos y cigarras. Mientras se lee la explicación técnica de este artificio y se contempla el ordenamiento "molecular" de las maceteras, la emoción del paseante de este jardín es intensa pero sombría: ¿un jardín así anuncia el renacimiento urbano o evidencia la agonía de la ciudad?
Sea cual fuere la intención de los organizadores, un jardín nuevo, de inesperada factura, invita a pensar la ciudad al tiempo que proporciona una experiencia estética definitivamente contemporánea, definitivamente ajena a cualquier idea anacrónica de paraíso.
Juan Carlos Bautista (Tonalá, Chiapas, 1964) es poeta, narrador y periodista. Ha publicado, entre otros libros, Lenguas en erección (1990), Cantar del Marrakech (1993) y Bestial (2004). Su videodocumental Amor Chacal ganó el Premio del Público en el Festival MIX de la Ciudad de México.
Galleta China. Revista de Arte & Propaganda. Casa Vecina-Espacio Cultural y Fundación del Centro Histórica de la Ciudad de México. Núm 1, México, 2010.
Editor: Luis Felipe Fabre; coordinación editoral: Ekaterina Álvarez; diseño: Daniela Rocha.
* Jardín Radial, de Jerónimo Hagerman, estuvo montada del 17 de mayo hasta el 25 de octubre, en el atrio del templo de San Francisco. A principios de noviembre volvió a instalarse en la calle de Leandro Valle, a un costado del templo de Santo Domingo, en el Centro Histórico.




