Un día en la plaza de siempre apareció un jardín. Entre grandes arcos crecían altos bambúes, aquello parecía una selva... Llena de aves que pasaban de un árbol a otro... Me tomo un descanso en este jardín porque se me hace muy tranquilo... Y en un cuento de llantas en lo que vimos de las macetas... Había una niña a la que le gustaba salir a jugar en ese jardín peculiar. Un día encontró a un hombre vestido de negro, y a pesar de su aspecto lúgubre; al paso del tiempo, descubrió que era más amigable que el resto de la gente que por el contrario, su aspecto demostraba... Soledad que era una contraste, que en su interior habitaba. Una tarde la niña le preguntó que por qué estaba tanto tiempo en este lugar y de negro, el hombre le respondió que estaba de luto ¡La naturalea estaba muriendo! y él la cuidaba para que en esta ciudad no la maltrataran.
M. AVe.






