La primera actividad de Ágora_Cero, el Centro de Investigación de Lugar_Cero, consistió en una charla que pretendía atravesar los umbrales entre la instalación de Jerónimo Hagerman con el espacio que la contiene; la calle de Leandro Valle, en el Centro Histórico. Como parte del contexto, a la charla sólo asistieron cuatro personas, más los tres participantes: Pía Vásquez, Natalia Calderón y Octavio Avendaño Trujillo, de tal suerte que se conformó un ágora que era observada por los habitantes de Leandro Valle y cuya versión estenográfica queda registrada.
Octavio Avendaño Trujillo: Como parte del arte público las dinámicas de relación con las personas es interesante, sobre todo con las que habitan en esta calle de Leandro Valle donde está el proyecto artístico Lugar_Cero.
La afluencia de participantes de esta charla en la que sólo estamos siete personas, no sólo depende de una estrategia de propaganda o de comunicación para que asistan las personas, sino que también depende mucho de los elementos y acondicionamientos del entorno. El contexto particular de la situación, por ejemplo, no estábamos enterados de que iba a haber un concierto en el atrio del templo de Santo Domingo, -que no sólo acapara el ambiente sonoro, sino también a las personas que llegan a transitar por esta parte del Centro Histórico-. Entonces, tal vez, muchos de nuestros invitados están allá en el concierto y no se atreven o no saben que si cruzan el umbral pueden compartir con nosotros esta charla sobre las dinámicas que hasta ahora ha generado El jardín modificado, de Jerónimo Hagerman entre arte y espacio. Y esto se ha reducido a una charla intimista, a una discusión de grupo.
Y justo por eso me interesaría iniciar esta discusión sobre el espacio, desde la concepción heideggeriana, que ha contenido la propuesta artística de Lugar_Cero, tal vez sería interesante aproximarnos primero con un contraste entre el espacio contenedor del Atrio de San Francisco, en el que habitó por primera vez el proyecto, con la calle de Leandro Valle, la segunda fase de esta itinerancia.
Pía Vásquez: Por un lado cuando me encontré con la obra instalada a un costado de la Torre Latino fue casi como encontrar un oasis en el desierto, fue increíble, porque hay un tránsito de gente, un flujo vehicular, que el único escape que hay por ahí son iglesias, y si uno no profesa esa iglesia no entra. Entonces cuando me encontré con esto fue maravilloso. Me senté, me quedé observando a la gente lo que hacía, me puse a leer, la gente también estaba muy tranquila. Cuando me invitaste a visitar este lugar aquí en Santo Domingo, en lo primero que pensé fue: habría un conflicto porque el lugar no es el mismo, no es un lugar cerrado, es un lugar más público y la gente que va a visitar el lugar es de otro tipo, la gente que entra simplemente a lado de la Torre Latino entra a ver obras de arte. La gente que viene para acá está saliendo de su casa, va camino a su trabajo o trabaja aquí. En realidad, la gente que no le importa el arte y no sabe que ésto es una obra o una instalación; todas estas circunstancias hacen que se transforme totalmente la pieza y, a pesar de que sigue siendo el oasis en el desierto en el Centro Histórico, la gente la usa para otro tipo de cosas. Por ejemplo, no vienen a leer ahora, ni tampoco vienen a sentarse por la tarde, porque está en su casa y lo pueden mirar desde su ventana, lo disfrutan desde otro aspecto. Es como cuando tienes el árbol afuera de tu casa.
Pía Vásquez: Justamente la obra no está dirigida a ese tipo de público (estudiantes de arte, artistas, público joven) -por eso ahora que nos vamos a reunir para hablar del espacio en el arte público- pasa que la gente no llega porque a los únicos que les interesa es a nosotros. El fin es llegar al resto de la gente pero no con un discurso, que sea con la obra misma.
Natalia Calderón: Yo creo que ahí es un problema de cómo hablarlo, no se trata de que ellos (los vecinos de la calle de Leandro Valle) no quieran escucharnos, sino de nosotros cómo podemos elaborar discursos con la gente que está ahí viendo qué estamos haciendo pero que no se atreve a acercarse. Es un problema de creadores en poder explicarlo de diferentes formas y no encerrarnos en lo mismo.
Octavio Avendaño Trujillo: Si, por eso, desde el Centro de Investigación Ágora_Cero me interesa trabajar muchísimo con los vecinos y no se trata de un proceso rápido, no se trata de trasladar automáticamente lo que se venía haciendo en el Atrio de San Francisco a esta calle.
Pía Vásquez: Es aquí justamente que parte la obra del arte público, cuando yo pienso y sigo creyendo que las obras no se pueden trasladar de lugar, responden a características específicas de un espacio, entonces cuando uno las traslada por mucho que sea una obra como esta. Por ejemplo, hablábamos de cómo se instala en este lugar donde la gente trabaja y tiene que transitar, uno debe considerar todos esos detalles que son circunstanciales y relevantes para la obra, ya sea el tránsito de la gente, el flujo, la arquitectura que sería como la parte física, pero más que nada es como el hábitat. El tipo de gente que circula por este espacio es lo que le da características a la obra.
Octavio Avendaño Trujillo: El aquí y ahora es distinto. Porque el aquí y ahora en San Francisco funcionaba bien, donde podías escaparte y adentrarte en el aquí y el ahora. Creo que en la calle Leandro Valle corresponde más a condiciones de cotidianidad. Las personas están dentro de sus hogares o sus trabajos y no hay un elemento extraordinario; para ellos es una invasión, porque viven aquí. Las personas que transitan por Leandro Valle son vecinos de la calle Perú o son de aquí.
Natalia Calderón: A mí me llamó la atención cosas que en un principio no puedes ver y te cuenta la gente. Me decían que eran (la instalación) como estorbos para mover su mercancía. Es interesante cómo lo perciben desde diferentes puntos de vista, según perspectivas, desde uno que te dice "es un hermoso lugar para descansar", o lo que sea y para otro es un estorbo. También me llama mucho la atención el bambú y la pregunta de la gente de qué es, sí es un jardín botánico. Entonces todos estos elementos para las tradiciones arraigadas de Santo Domingo... ¡Hasta el color verde es diferente de lo otros! Eso es interesante porque de repente la gente se topa con algo extraño y hace conciencia de dónde está, del aquí y el ahora.
Octavio Avendaño Trujillo: Se fragmenta el aquí y el ahora.
Natalia Calderón: Si, no por estar en una cosa de meditación del aquí y el ahora sino al enfrentarse con algo que rompe con la cotidianidad te das cuenta de tu espacialidad. Entonces, lo que me gusta más de la obra es la distribución de los elementos de la instalación, que sí rompe con los cambios de la gente, que tiene ir y volver. Me parece que son como pliegues que se generan en el espacio como de giro. Eso me gusta porque hace reflexionar a la gente sobre cómo está en este espacio moviéndose. Entonces, creo que esto de la movilidad es lo más rescatable.
Natalia Calderón: Hablando con la gente te das cuenta que vienen a ver la pieza, a fotografiarse con ella. A ellos les resulta extraño (gente de la plaza), con la llegada de los bambúes extraños, llegó la gente extraña.
Octavio Avendaño Trujillo: De ahí que me interese el espacio como contenedor. Aquí, en Santo Domingo, en la calle Leandro Valle pareciera ser que hay una reacción de la epidermis no sólo física sino barrial (social y psicológicamente) de Santo Domingo ante la pieza. Creo que ahora esta epidermis lo que está haciendo es tratarla (la instalación) de expulsar como si fuera un virus que no quiere que esté ahí y por eso se han dado esos elementos de indiferencia. Pero yo creo que cada vez se irán apropiando más de la pieza hasta que llegue la inoculación.
Pía Vásquez: El día que vine tuve una anécdota increíble. Cuando llegué me di cuenta que estaban todos los comerciantes, toda la gente que trabaja en la plaza de Santo Domingo mirando para la fuente donde estaba un policía borracho bailando con una mujer, bañándose en el agua y con una cerveza y los dos muy amorosos, ahí revolcándose en el agua y yo miraba y decía: ¡Ya no puedo hacer nada, esto me supera y supera la atención de toda la gente tan a gusto de los que estaba viendo! Yo creo que esta pieza igual y lo logra, va lograr la atención, entregarle un espacio a la gente que esta acá, reconstruir el lugar, reconstruir arquitectura. No para todos, porque es un lugar difícil, pero es una obra que se entrega a cierto público, no al público en general.
Octavio Avendaño Trujillo: De alguna manera lo ven como un obstáculo no sólo de transito sino a sus propósitos.
Aquí es importante preguntarse: en el arte público qué tanto incluyes al otro en la obra, qué tanto consideras al otro qué le afecta en forma directa lo que tú estás haciendo. Hemos hablado de reacciones negativas o de rechazo, pero son reacciones que de alguna manera están entablando un diálogo o una negociación entre la pieza y el púbico.
Pía Vásquez: En el atrio San Francisco la obra se generaba como una instalación, donde los artistas llevamos este elemento y la gente que busca estos espacios los encuentra, va directamente: lo veo, me gusta y entro. Pero aquí la obra cambia porque sería una intervención. La obra está interviniendo un lugar de flujo y de tránsito, entonces la gente entra no porque quiere sino porque está obligada a transitar por este lugar. Por lo que las condiciones físicas y psicológicas del lugar cambian totalmente. Bueno, hay de todo por las características de esta plaza donde está la gente trabajando en las imprentas -unas legales y otras ilegales- y por el aspecto psicológico del lugar. La gente está escondida, tiene que guardar cosas, tiene que correr porque viene la policía y este pequeño zócalo sería como una imitación del otro pero este es totalmente casero, como el patio de mi casa. Es igual que cuando interfieres con los ambulantes: uno va y se mete en medio y por mucho que sea una obra de arte, a ellos les afecta demasiado. Aquí estamos haciendo lo mismo. A pesar de que son plantas y la naturaleza, que pueden ser muy agradables, a ellos les afectan, porque es su ambiente laboral.
Gabriela Zamudio (vecina): A mí me parece muy buena idea ver algo diferente y bonito, pueden haber muchos puntos de vista, pero mi opinión es que se me hace muy agradable verlo y me ocasiona un poco de disgusto que no todos lo cuidemos y apreciemos. Yo no estoy muy informada y no sé si exista alguien que cuide de esta área porque yo las veo un poco descuidadas.
Octavio Avendaño Trujillo: Observando el espacio, cuando he venido a hacer entrevistas me he dado cuenta que el Jardín radial en el Atrio de San Francisco era precisamente un jardín y aquí es como un patio, creo que no cumple la función de jardín, no lo digo por la pieza, sino por el contexto y la manera en la que hasta ahora se han apropiado los vecinos de ella.
Pía Vásquez: Yo quiero leer una cita de Vito Aconcci: "El espacio que es público, el público al cual pertenece acepta ser público, son personas que representan la ciudad, son público cuando actúa en el nombre de la ciudad". El público tiene que aceptar cien por ciento la obra para ganar el espacio. Si el público no desea apropiarse de este lugar y ser dueño de él, lo va a maltratar, va tirar basura y va a descuidar la obra, hasta que la obra se va a deshacer y va a morir. Es importante considerar que por mucho que el artista tenga ganas de entregar algo a la ciudad, la respuesta del público es la que finalmente hace la obra y va hacer que ella perdure o no.
Participantes:
Laura Chenillo
Natalia Calderón
Arturo Reyes
Gabriela Zdumio






