Así como el Jardín y su Algarabía, con sus respectivas cualidades y características, generan una ruptura con el paisaje urbano del Centro Histórico, esta  actividad, supuso una ruptura de la cotidianeidad de los asistentes, en varios niveles: lo individual, lo rutinario y la máscara de la colectividad informe con que comúnmente nos desenvolvemos como seres citadinos.
Fue sorprendente vivenciar la transición de público a participante, y su entrega a la actividad, en principio indivual y después colectivamente, en la formación de círculos, espirales y figuras en el espacio; en los diálogos que se establecieron entre ellos tanto espacial como corporal y verbalmente. A medida que cedió la inicial y natural resistencia,  se integraron como grupo y propusieron medios para lograr algunas de las figuras, y gran disposición para sincronizarse en los movimientos, pues poco a poco aparecieron el humor y la camaradería,  dada la ruptura o quizá la ampliación del área de comfort y seguridad en un ambiente creado por  todos y para todos, que se prestó y se aprovechó para ello.
Importante elemento fue la música que surgió del encuentro improvisado de tres percusionistas, dos con sus respectivos instrumentos y uno con un garrafón. Fueron las percusiones, las luces, el movimiento y el buen ánimo, lo que permitió se hiciera en un total Aquí y ahora, un eco humano de la evocación de los insectos y se formara un colectivo de luciérnagas iluminando el jardín.
P.D. Agradecemos a todos los participantes que generosamente enviaron fotografías y videos para nuestro registro.
M. AVe