¿Qué sonido soy? Es la pregunta central en el muro destinado a funcionar como panel de integración del haikú.  Primero, se les pidió a los participantes que eligieran entre los dibujos hechos por participantes anteriores, dieran su interpretación de éste  y depositaran un sonido dibujado por ellos en una urna.

Primer accidente, los participantes al ver la pregunta, la tomaron como una adivinanza y urgando un poco por el jardín dibujaron, la gran mayoría, la algarabía, es decir, grillos, cigarras, soles, lunas, etc., muy pocos integraron los dibujos hechos anteriormente.

Dejamos fluir el accidente y a participantes posteriores se les pidió que dieran su interpretación sobre los dibujos pegados en el panel, todos corrrespondientes a representaciones -muy subjetivas, cierto- de sonidos.

Segundo accidente, ¿Qué sonido soy? ¿Qué respondieron? Una tortuga, fuego, viento frio, ángel, música, sonido de grillo, ciclo, encuentro, cigarra, etc.  Podríamos pensar que los límites de la representación/interpretación de las formas visuales son más cerrados, por inmediatos, y que aquellos relacionados con lo sonoro son mucho más subjetivos y abiertos.  Sin embargo, este ejercicio demostró paralelismo entre ellos, una suerte de ausencia del límite en aras del salto de las instrucciones, de la pregunta, y la incursión, a partir del elemento visual, de todo tipo de elementos, relacionados o no, con el jardín.

M. AVe.